Esto es un oficio
Hay muchas formas de entrar a esto: buscando libertad, autonomía, escapar de una rutina, evitar jerarquías. Ninguna de esas motivaciones es ilegítima, pero casi todas distorsionan el punto de partida. Se entra esperando que esto resuelva algo previo, y cuando no lo hace, se abandona o se fuerza. El problema no está en la práctica en sí, sino en la expectativa que se deposita sobre ella.
Cuando se carga con esa expectativa, cada período sin resultados se vive como una anomalía. La práctica deja de evaluarse por su coherencia y pasa a medirse por su capacidad de confirmar una esperanza. El proceso se vuelve condicional: se lo tolera mientras parece conducir a algo y se lo descarta cuando deja de hacerlo. Esa lógica puede funcionar en un pasatiempo, pero es incompatible con la noción de oficio.
Un oficio no promete. Un oficio se ejerce. Se aprende con el tiempo, se mejora con la práctica y se sostiene con disciplina. Y aun así, no garantiza resultados. Esta afirmación no es pesimista: describe una estructura. En ningún oficio real existe una correspondencia directa y estable entre calidad del trabajo y recompensa visible. Este oficio simplemente expone esa condición sin amortiguadores.
Pensarlo como oficio no lo vuelve más fácil. Lo vuelve más honesto. Deja de ser una apuesta disfrazada de estrategia o una fantasía disfrazada de plan, y empieza a asumirse como un trabajo con reglas propias, exigencias reales y ninguna certeza. Un trabajo que puede realizarse bien durante largos períodos sin que eso se traduzca en resultados visibles.
Las implicancias de este encuadre son exigentes. Si esto es un oficio, entonces se puede aprender, pero no rápido. Se puede practicar, pero sin garantía de éxito. Se puede mejorar, pero aceptando que el progreso no es lineal ni siempre reconocible. Además, se puede ejercer durante años sin que nadie lo note: sin aplausos, sin validación externa, sin señales claras de avance.
Este cambio de marco también desplaza la motivación. El trabajo deja de apoyarse en la expectativa de devolución y pasa a sostenerse por la coherencia del proceso. Se trabaja porque es lo que corresponde hacer, no porque "debería pagar". La evaluación deja de girar en torno a cuánto se ganó o se perdió y empieza a organizarse alrededor de la calidad de las decisiones.
Asumir esto como oficio no implica creer en ello. Implica trabajar sin necesidad de creer. Sin esperar que el entorno valide, explique o recompense. Implica aceptar que la única validación disponible es interna y siempre provisional. Esta postura no elimina el riesgo ni la frustración, pero ordena la relación con ambos.
Esto no es una promesa, no es un atajo, no es una identidad aspiracional. No garantiza resultados ni ofrece certezas. Ofrece, como máximo, un marco desde el cual ejercer una práctica de manera responsable. Quien acepte trabajar sin garantía, al menos estará parado en un terreno real. Y eso, aunque no alcance, es el único punto de partida honesto.