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El spread

Cada instrumento financiero tiene, en todo momento, dos precios. No uno — dos. El precio de compra, que se llama ask, y el precio de venta, que se llama bid. El ask es el precio al que podés comprar. El bid es el precio al que podés vender. Y el ask siempre es un poco más alto que el bid. Esa diferencia entre los dos es el spread. También se le dice horquilla.

Si mirás el EUR/USD y ves 1.0850 / 1.0852, el primer número es el bid y el segundo es el ask. La diferencia es de 2 pips. Eso quiere decir que en el instante en que abrís una operación de compra, ya estás 2 pips en negativo. No porque el mercado se movió en tu contra. Porque compraste al ask y si quisieras cerrar inmediatamente, venderías al bid, que está 2 pips más abajo. Esos 2 pips son el costo de entrada. Se pagan siempre. En cada operación. Sin excepción.

El spread es la forma principal en que el broker gana dinero. Cada vez que abrís una posición, el broker se queda con esa diferencia. No te lo cobra como una factura ni te lo muestra como un descuento. Simplemente aparecés en negativo desde el momento en que entrás. Es un costo invisible para el que no lo entiende y un costo permanente para el que sí. No se negocia, no se evita, no se esquiva. Se asume y se incluye en los cálculos.

No todos los spreads son iguales. El tamaño del spread depende de tres cosas. La primera es el instrumento. Los pares más operados del mundo — EUR/USD, GBP/USD, USD/JPY — tienen spreads bajos, generalmente entre 0.5 y 2 pips, porque hay tanta liquidez que la competencia entre compradores y vendedores mantiene la diferencia chica. Los instrumentos menos operados — pares exóticos como el USD/TRY o el EUR/ZAR — tienen spreads mucho más amplios, a veces de 10, 20 o más pips. Operar un instrumento con spread alto es caro. Cada entrada ya empieza con un lastre importante.

La segunda es el horario. Durante las sesiones principales — cuando Londres y Nueva York están abiertas al mismo tiempo, por ejemplo — el spread tiende a ser más bajo porque hay más participantes activos. Fuera de esas horas, cuando el volumen cae, el spread se amplía. Lo mismo pasa durante fines de semana en mercados que operan 24/5: justo antes del cierre del viernes y justo después de la apertura del domingo, el spread puede ser considerablemente más ancho de lo habitual.

La tercera es la volatilidad. Cuando sale una noticia de alto impacto — un dato de empleo, una decisión de tasa de interés, un evento geopolítico inesperado — el spread se dispara. En cuestión de segundos puede pasar de 1 pip a 10 o más. Eso significa que si abrís una operación en ese momento, tu costo de entrada se multiplicó por diez. Muchos traders pierden dinero no porque su lectura del movimiento fue incorrecta, sino porque entraron en el peor momento posible en términos de spread.

Un spread amplio puede convertir una operación ganadora en perdedora. Si tu objetivo son 15 pips y el spread es de 5, necesitás que el precio recorra 20 pips a tu favor para ganar 15. Si el spread fuera de 1, necesitarías solo 16. Esa diferencia, operación tras operación, mes tras mes, es la diferencia entre una operativa que funciona y una que se desangra lentamente sin que entiendas por qué.

El spread se tiene en cuenta antes de operar, no después. Se revisa qué spread tiene el instrumento que querés operar, se calcula si ese costo es compatible con tu sistema y tu objetivo de ganancia, y recién ahí se decide si la operación tiene sentido. Es un filtro más. Silencioso, pero definitivo.