Apalancamiento y margen
Antes de explicar qué es el apalancamiento, hace falta entender qué pasa realmente cuando abrís una operación. Porque lo que pasa no es lo que parece.
Cuando comprás EUR/USD, no estás comprando euros. No te llegan euros a la cuenta. No sos dueño de nada. Lo que estás haciendo es abrir un contrato que dice: "Si el precio sube, gano la diferencia. Si el precio baja, pierdo la diferencia." Eso es todo. Es un acuerdo sobre la diferencia de precio entre el momento en que abrís y el momento en que cerrás. Por eso se llaman contratos por diferencia — CFDs.
Ahora bien, esa diferencia de precio se calcula sobre un monto. Si abrís una posición de cien mil dólares en EUR/USD y el precio se mueve un 0.1% a tu favor, ganás cien dólares — el 0.1% de cien mil. Si se mueve un 0.1% en tu contra, perdés cien dólares. Tu ganancia o pérdida se mide sobre el tamaño de la posición, no sobre el dinero que tenés en la cuenta.
Y acá es donde entra el apalancamiento. El broker te permite abrir posiciones mucho más grandes que tu capital. Si tenés mil dólares en la cuenta, el broker te deja abrir una posición de cien mil. No porque te preste noventa y nueve mil. Nadie te transfiere dinero. Lo que hace es dejarte tener exposición sobre un monto mayor, usando tu capital como garantía de que podés cubrir las pérdidas si el precio va en tu contra.
Esa garantía es lo que se llama margen. Es la porción de tu capital que el broker retiene mientras la operación está abierta. No es un costo — no se cobra, no se descuenta. Se bloquea. Si la operación requiere quinientos dólares de margen, esos quinientos quedan apartados. No podés usarlos para otra cosa. Cuando cerrás la operación, se liberan y vuelven a tu cuenta, junto con la ganancia o la pérdida que hayas generado.
Lo que queda disponible después del margen bloqueado es el margen libre. Es el dinero que te queda para absorber pérdidas de las posiciones abiertas o para abrir nuevas posiciones. Si el margen libre llega a cero, el broker tiene un problema — tu garantía ya no alcanza. Eso se explica en el capítulo siguiente.
Entonces el apalancamiento no es un préstamo. Es un multiplicador de exposición. Con apalancamiento 1:100 y mil dólares, no tenés cien mil dólares — tenés exposición al movimiento de precio de cien mil dólares. La diferencia es enorme. Nunca ves ese dinero. Nunca lo tocás. Solo sentís el efecto de los movimientos de precio calculados sobre ese monto.
Y ese efecto es lo que hace al apalancamiento peligroso. Si tu posición es de cien mil dólares y el precio se mueve un uno por ciento en tu contra, la pérdida es de mil dólares — exactamente lo que tenías en la cuenta. Una sola operación puede vaciarte. No porque hayas hecho algo extraordinariamente mal. Porque el tamaño de tu exposición no era proporcional a lo que podías permitirte perder.
El apalancamiento no cambia la probabilidad de acertar. No mejora tu análisis. No valida tu lectura. Lo único que cambia es el tamaño de las consecuencias. El mismo movimiento de precio que con poca exposición sería una pérdida tolerable, con mucha exposición puede borrar tu cuenta en minutos.
Los brokers ofrecen apalancamientos que van desde 1:2 hasta 1:500 o más. Cuanto menos regulado el broker, más apalancamiento tiende a ofrecer, porque un apalancamiento alto se vende bien. Le dice al trader nuevo que con doscientos dólares puede controlar cien mil. Lo que no le dice es que con esa exposición, un movimiento normal del mercado lo liquida.
El apalancamiento recomendado para empezar es el mínimo que ofrezca el broker. No el máximo. Que te den la posibilidad de exponerte a quinientas veces tu capital no significa que debas hacerlo. En la práctica, el apalancamiento real que usás lo determina el tamaño de tu posición — y ese cálculo se trabaja en detalle más adelante. Ahí es donde el apalancamiento deja de ser una amenaza y se convierte en algo que controlás.