La cuenta demo
La cuenta demo es una cuenta con dinero ficticio. Todo lo demás es real. El gráfico es real — muestra el precio actual del mercado en tiempo real. Las órdenes se ejecutan igual que en una cuenta real. La plataforma es la misma. Los instrumentos son los mismos. La única diferencia es que el dinero que tenés en la cuenta no existe. Si ganás, no ganás nada. Si perdés, no perdés nada.
Eso la convierte en una herramienta perfecta para una cosa y completamente inútil para otra.
Para lo que sirve es para aprender la mecánica. Todo lo que se explicó en los capítulos anteriores — abrir un gráfico, cambiar de timeframe, colocar una orden de mercado, poner el stop loss, poner el take profit, cerrar una posición manualmente — se practica primero en demo. Ahí es donde aprendés a usar la plataforma sin que un error te cueste dinero. Porque los errores van a pasar. Vas a comprar cuando querías vender. Vas a equivocarte en el tamaño de la posición. Vas a olvidarte de poner el stop loss. Vas a cerrar la operación equivocada. Todos esos errores son parte del aprendizaje y es mejor que pasen con dinero que no existe.
También sirve para testear un método. Cuando tengas un sistema de operación con reglas definidas — qué buscás, dónde entrás, dónde ponés el stop, dónde salís — la demo es donde lo probás en tiempo real antes de arriesgar capital. Operás durante semanas o meses siguiendo las reglas, registrás los resultados, y evaluás si el sistema genera lo que esperás. No es lo mismo que el backtesting con datos históricos, porque en tiempo real no sabés lo que viene después. Pero tampoco es lo mismo que operar con dinero real, y ahí está el límite.
Porque la demo no sirve para saber cómo vas a reaccionar cuando haya plata de verdad en juego. En demo, perder no duele. Ganar no emociona. No hay adrenalina cuando el precio se acerca al stop. No hay tentación de mover el take profit "un poquito más". No hay venganza después de tres pérdidas seguidas. No hay euforia después de una racha ganadora. En demo operás con la cabeza fría porque no hay nada en riesgo. Y eso te da una imagen distorsionada de vos mismo como trader.
Muchos pasan meses en demo, obtienen resultados excelentes, y asumen que están listos. Después pasan a real, ponen dinero de verdad, y descubren que son otra persona. El que en demo esperaba pacientemente el setup ahora entra antes de tiempo porque la ansiedad de no estar ganando es insoportable. El que en demo respetaba el stop loss ahora lo mueve porque perder cincuenta dólares reales se siente distinto que perder cincuenta mil ficticios. La demo te enseña la mecánica. No te enseña a convivir con el riesgo.
Por eso la demo es un paso, no un destino. Se usa el tiempo necesario para dominar las herramientas, para probar el sistema, para confirmar que las reglas son claras y ejecutables. Y después se pasa a real. No cuando te sentís "listo" — porque ese momento no llega nunca. Se pasa cuando la mecánica es automática y las reglas están definidas. Se pasa con el tamaño mínimo posible. Con la posición más chica que permita el broker. Con la cantidad de dinero que si la perdés entera no te cambia la vida.
La transición de demo a real es donde empieza el oficio de verdad. Todo lo anterior es preparación. Necesaria, imprescindible, pero preparación. El momento donde el gráfico es el mismo, la plataforma es la misma, las reglas son las mismas, pero ahora hay algo tuyo en juego — ese es el momento donde descubrís si todo lo que aprendiste resiste el contacto con la realidad. La demo te prepara para operar. No te prepara para lo que se siente operar.