Repeticion y aburrimiento
El oficio es repetición. Y la repetición aburre. No hay forma de evitarlo. No hay truco que convierta lo repetido en novedoso. Lo que se hace todos los días, de la misma manera, con las mismas reglas, termina perdiendo el brillo que tenía al principio. Y eso no es un defecto del oficio. Es su estructura. El aburrimiento no es señal de que algo anda mal. Es señal de que estás haciendo lo correcto.
Lo que no se repite no se instala. Lo que no se instala no se sostiene. Esa es la lógica básica. La habilidad no se construye con momentos brillantes sino con acumulación silenciosa. Los mismos gestos, las mismas decisiones, los mismos criterios, aplicados una y otra vez hasta que dejan de requerir esfuerzo consciente. Ese proceso es lento, es gris, y es absolutamente necesario.
La novedad entretiene. La repetición construye. Son fuerzas opuestas. La novedad produce dopamina, excitación, ganas de seguir. La repetición produce resistencia, cansancio, ganas de cambiar. El problema es que lo que entretiene rara vez acumula, y lo que acumula rara vez entretiene. El oficio vive en el segundo territorio. Quien no tolera eso, no tolera el oficio.
Buscar estímulo constante es incompatible con el trabajo real. La necesidad de que cada día sea interesante, de que siempre pase algo, de que haya movimiento y emoción, sabotea la consistencia. Porque el trabajo real no emociona. Se hace igual. Se hace cuando hay ganas y cuando no las hay. Se hace cuando el contexto es favorable y cuando es hostil. La emoción es un accidente. La repetición es el método.
El aburrimiento es el precio de la consistencia. No hay consistencia sin monotonía. No hay monotonía sin aburrimiento. Esa cadena es inevitable. Quien quiera resultados sostenidos tiene que atravesar períodos largos donde nada parece especial, donde cada día se parece al anterior, donde la única diferencia es que pasó un día más. Los días iguales son los que acumulan. Los días espectaculares son excepciones que no construyen nada por sí solas.
La monotonía no es el enemigo. Es el terreno donde se trabaja. Resistirla, querer escapar de ella, buscar atajos que la eviten, todo eso aleja del oficio. Lo espectacular aparece pocas veces. Lo repetido sostiene todo lo demás. Y aprender a habitar lo repetido sin huir es una de las habilidades centrales de cualquier práctica sostenida en el tiempo.
Si necesitás que cada día sea interesante, esto no es para vos. No es un juicio. Es una descripción. Hay personas que funcionan con novedad constante y hay personas que toleran la repetición. El oficio necesita de las segundas. No porque sean mejores, sino porque la estructura del trabajo lo exige. Aprender a aburrirse sin huir es aprender a quedarse. Y quedarse, en un oficio con incertidumbre, es casi todo.